Página literaria de
   Franklin Gutiérrez
Leonora: la ruptura del canon

El canal de la delicia hace un gran aporte a la narrativa dominicana. Con el personaje de Leonora
Fortuna Franklin Gutiérrez rompe el estereotipo del protagonista en nuestra novelística. En la mayoría
de novelas escritas por dominicanos el personaje principal es un ser sufrido, atormentado, cuyos
sueños siempre terminan siendo vulnerados por la dura realidad. El canal de la delicia hace un gran
aporte a la narrativa dominicana. Con el personaje de Leonora  Fortuna Franklin Gutiérrez rompe el
estereotipo del protagonista en nuestra novelística. En la mayoría de novelas escritas por dominicanos
el personaje principal es un ser sufrido, atormentado, cuyos sueños siempre terminan siendo
vulnerados por la dura realidad.
 Fernando Berroa) Lea artículo completo

Lea aquí otros comentarios sobre esta obra emitidos por críticos, periodista, escritores y lectores.
Prestigiosa antología Norton incluye cinco dominicanos

Los escritores dominicanos incluidos son: Fabio Fiallo (1866-1942); Franklin Gutiérrez (1951), Chiqui
Vicioso (1948), Juilia Álvarez (1950) y Junot Díaz (1960). De Fiallo aparecen los poemas: Plenilunio,
Golgotha Rose y Profane Rhyme; de Gutiérrez, "Helen"; de Vicioso, “Perspectives” y “Haiti”; de Alvarez,
fragmentos de sus novelas How the García Girls Lost Their Accents y Yo; de Díaz, el relato "Ysrael" y un
fragmento del capítulo 1 de su novela The Brief Wondrous Life of Oscar Wao
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El Juan Francisco Santamaría que llevo en mí
Después de su intempestiva partida física los medios de comunicación han sido transmisores de
múltiples testimonios exaltando su inteligencia, humildad, solidaridad, caballerosidad; en fin, su
grandeza humana. A decir verdad, exiguos son esos elogios para resaltar la figura de un hombre que
soportó hasta la hora de la muerte, con sobrado silencio y harta valentía, tanta injusticia en su contra
No tuve, como muchos afirman ahora, el privilegio de saborear los frutos positivos sembra-dos por él
en los diferentes puntos del planetas a donde sus deberes políticos lo llevaron. Mi imagen de Juan
Francisco Santamaría es más remota, tierna y saludable que la de muchos de sus amigos cercanos y
compañeros de partido y de trajines políticos que hoy lo exaltan.
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Por qué muchos dominicanos no deben leer el Quijote

Si hemos contribuido a que la presunción sea bulto o allante; el peso, tolete o tululú; la mujeres grillos
o aviones; las incoherencias,babosadas y el disgusto, quille, es porque no somos pariguayos ni unos
chivitos jartuejobos, sino creativos y originales hasta la tambora. Si somos el único país donde
abundan las cutáfaras, donde el pobre es un deguañingao; la sorpresa un asoramiento y el golpeado,
un  abimbao, se lo debemos a nuestra habilidad para revertir las cosas y trastocar la realidad. Siendo
así, los dominicanos no debemos leer el Quijote porque su nocividad nos corroe y nos empuja hacia
un abismo infernal, del cual ni las tres divinas personas y todo su séquito celestial podrán rescatarnos.

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La tumba de Máximo Gómez en el Colón, en La Habana

Es cierto que su tumba en el cementerio Colón  es llamativa y está bien cuidada. En ella se destaca
un pequeño obelisco con la efigie de Gómez, construido con mármol marrón brilloso y diseñado por
E. Astudillo, y dos nichos que demarcan el pasillo que conduce a éste. Pero la tumba es totalmente
anónima, solamente identificable por quien conozca muy bien el rostro del generalísimo Gómez. Un
rostro que no dice absolutamente nada al turista que llega a ese camposanto habanero, y muy poco
a las generaciones cubanas de hoy. No tiene ninguna inscripción que lo identifique ni a él ni a los
ocupantes de los dos nichos. Los guías, por su parte, se limitan a in-formarles a quienes usan sus
servicios que esa tumba pertenece a un dominicano que peleó en la guerra de independencia, pero
sin más explicación que esa.
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Por qué el cementerio de la Independencia no puede ser turístico

Desafortunadamente, el cementerio de la avenida Independencia carece de esas dos atracciones
fundamentales. Con la exhumación y traslado al Panteón Nacional de Eugenio María de Hostos,
Emilio Prud' Homme, José Reyes, Francisco Gregorio Billini, José Núñez de Cáceres, Concepción
Bona y José María Serra, este cementerio perdió a los difuntos que los
prestigiaban y que pudieron haberlo convertido en un punto de interés para visitantes nacio- nales y
extranjeros y para los centros educativos del país. Comparado con ese grupo de ciudadanos y
patriotas selectos e ilustres, las personalidades que permanecen en el cemen- terio de la avenida
Independencia son muertos valiosos para nosotros, pero para fines turísticos, son muertos de
segunda y tercera categoría
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Sixto Minier en un cementerio de nadie

Desde el 30 de abril del 2008 el cementerio viejo de Villa Mella es la morada de Sixto Minier, Capitán
de la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella. Allí está depositado entre hierbas
saludables y cruces derribadas, como uno más de los incontables seres anónimos que duermen el
sueño del regreso imposible en ese terreno sepulcral signado por la indiferencia de las autoridades
del Ayuntamiento de Santo Domingo Norte.
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El discurso lapidario en los cementerios
dominicanos

En la República Dominicana, país donde el discurso
funerario es conservador y tímido en grado extremo, los
cementerios que registran el mayor número y variedad
de epitafios son el Cristo Salvador, el Cristo Redentor,
el Nacional de la Avenida Máximo Gómez, el Municipal
de Santiago de los Caballeros, situado en la Avenida
30 de Marzo, el Municipal nuevo de Bonao y el Municipal
de Moca. En el resto aparecen menos epitafios dignos
de atención
. También hay camposantos donde los
epitafios brillan por su ausencia, como el jesuita, en
Manresa; El Bonito, en San Isidro; el Municipal de Villa
Mella; el Municipal de Colonia Mixta, en la provincia
Independencia.
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Allan Poe cottage y Woodlawn
Cemetery: lugares de esparmiento

A pocas cuadras del edificio donde resido, en el
Bronx, New York, hay dos lugares que visito cuando
quiero regalarle a mi espíritu una dosis de energía
renovada. El más cercano a mí es una casita
localizada en Grand Concurse y Kindsbridge Road,
de color blanco, coqueta, llena de curiosidad y de   
magia, amueblada a la antigua e indiferente
a la mayoría de los transeúntes que circulan a sus
alreddores. Para la gente común tal vez esa
pequeña edificación de, construida en 1812,
remodelada, y protegida actualmente por una
fortificada cerca de hierro, no signifique nada. Pero
para un amante de laliteratura y del cuento de terror  
y del relato detetivesco, edgar Allan Poe
Darío Trujillo: Yo cargué el
cadáver de mi tío

La encorvadura de su cuerpo y su voz estropajosa son
insuficientes para ocultar la malicia que aún refleja su
sonrisa socarrona. Y cuenta, con sobrado regocijo y
complacencia, muchas de las acciones perversas que
protagonizó  durante la tiranía trujillista. Dice haber
acompañado a Luis Ruiz Trujillo cuando Ramfis le
ordenó a ambos, a principios de junio de 1961,
conducir a Pupo Román a su despacho de la Jefatura
de Estado Mayor, donde organizaron su asesinato
.
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              Mis artículos online                   *                      Mis epitafios
Cuando la familia Trujillo
Molina abandonó la República
Dominicana, a finales de
noviembre de 1961, un buen
porcentaje de dominicanos
apostó a que ésta jamás
regresaría al país. Suponían
los sustentantes de tal
creencia que los Trujillo se
esfumarían definitivamente de
la geografía dominicana y no
pisarían nuevamente la isla
que con sus acciones
onerosas e inhumanas
humillaron durante tres
décadas. Sin embargo,
muchos de ellos han
retornado definitivamente a
suelo quisqueyano y varios de
los que no lo han hecho lo
visitan con una frecuencia
superior a la imaginada por
grandes sectores de la
población nacional que los
adversan. Otros han vuelto
convertidos en cadáveres, sin
que el pueblo se haya
enterado, y moran entre
nosotros con solemne
tranquilidad. Pocos
dominicanos saben que el
Cementerio Nacional de la
avenida Máximo Gómez,
donde la familia Trujillo
construyó panteones lujosos
entre 1940 y 1960, alberga los
restos de varios de ellos
fallecidos en el transcurso de
la dictadura, así como de otros
tantos fenecidos en el
extranjero y traídos al país
secretamente o con el
consentimiento de autoridades
gubernamentales. Ese mismo
razonamiento ha alimentado
en la población dominicana la
idea de que los Trujillo
fallecidos en el extranjero
están sepultados en
panteones extravagantes, en
palacios funerales ostentosos
y bien cuidados. Los restos de
los Trujillo Molina y sus
descendientes están
repartidos entre la República
Dominicana, los Estados
Unidos, España u otros
lugares inimaginables por las
presentes generaciones. Esta
obra te ayudará a
encontrarlos.Para detalles,
ponche sobre cada libro


   
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